¿Cómo hacer que algo deje de doler?

Cómo se puede tratar el dolor

La mayoría de nosotros considera que la conexión entre el dolor social y el físico es figurada. Estamos de acuerdo en que «el amor duele», pero no creemos que duela como duele, por ejemplo, una patada en la espinilla. Al mismo tiempo, la vida presenta a menudo un argumento convincente de que los dos tipos de dolor comparten una fuente común. Las parejas de ancianos suelen ser noticia porque no pueden sobrevivir físicamente el uno sin el otro. En un ejemplo de principios de 2012, Marjorie y James Landis, de Johnstown (Pensilvania), que llevaban 65 años casados, murieron con sólo 88 minutos de diferencia.

La verdad es que no hace falta ser un sentimental para creer en los corazones rotos, basta con ser suscriptor del New England Journal of Medicine. Hace unos años, un grupo de médicos de la Universidad Johns Hopkins informó de una rara pero letal afección cardíaca causada por una angustia emocional aguda. El problema se conoce técnicamente como «cardiomiopatía por estrés», pero a la prensa le gusta llamarlo «síndrome del corazón roto», y los profesionales médicos no se oponen al apodo.

¿Se puede uno acostumbrar al dolor?

Los fármacos son muy buenos para eliminar el dolor, pero suelen tener efectos secundarios desagradables, e incluso graves, cuando se utilizan durante mucho tiempo. Si tienes dolor de espalda, fibromialgia, artritis u otro dolor crónico que interfiere en tu vida diaria, puede que estés buscando una forma de aliviar las molestias que no implique medicamentos. Algunas técnicas ancestrales -como la meditación y el yoga-, así como las variaciones más recientes, pueden ayudar a reducir la necesidad de medicación para el dolor.

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Las investigaciones sugieren que, dado que el dolor implica tanto a la mente como al cuerpo, las terapias mente-cuerpo pueden tener la capacidad de aliviar el dolor al cambiar la forma en que lo percibes. La forma de sentir el dolor está influida por la composición genética, las emociones, la personalidad y el estilo de vida. También influye la experiencia pasada. Si has sufrido dolor durante un tiempo, es posible que tu cerebro se haya reconfigurado para percibir las señales de dolor incluso cuando éstas ya no se envían.

1. La respiración profunda. Es la base de todas las técnicas, así que la respiración profunda es la primera que debes aprender. Inhala profundamente, aguanta unos segundos y exhala. Para ayudarte a concentrarte, puedes utilizar una palabra o frase que te guíe. Por ejemplo, puedes inspirar «paz» y espirar «tensión». También hay varias aplicaciones para smartphones y tabletas que utilizan sonidos e imágenes para ayudarte a mantener el ritmo de la respiración.

Caja de herramientas para el dolor

Reprimir nuestras emociones puede ser como mantener una pelota de playa bajo el agua: cuesta mucho esfuerzo, pero al final la pelota sale a flote. De repente, nos ponemos a gritar a nuestros amigos o nos enfadamos mucho por algo insignificante en el trabajo.

PRUEBA ESTO: La atención plena es una poderosa herramienta para reconocer y mover las emociones. Se entrena la mente para que se concentre en el aquí y el ahora a pesar de los pensamientos acelerados. Lee nuestra guía gratuita y sencilla sobre mindfulness para empezar.

PRUEBA ESTO: «Escribe libremente tus sentimientos. Escribe lo que te venga en gana, sin juzgarte, permitiéndote ser tan atrevido y salvaje como quieras. Luego rompe las páginas. O escribe una carta a la otra persona diciendo todo lo que

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que te gustaría tener (pero no la envíes). Si odias escribir, prueba a despotricar con tiempo. En un espacio privado, pon un cronómetro para cuatro minutos y di en voz alta todas las cosas que quieras decir, por muy tontas o dramáticas que sean. Intenta seguir hasta que se acabe el tiempo.

No te limites a reaccionar cuando tu última cita te deje plantado. Coge toda la rabia del día en que un padre no apareció para llevarte el fin de semana, o del momento en que un amigo del colegio decidió que ya no quería ser tu amigo, y exprésalo también.

Prueba de tolerancia al dolor

¿Qué haces cuando estás estresado? ¿Hablar con los amigos? ¿Escuchar música? ¿Tomar una copa o comer un helado? ¿O tal vez practicar yoga? Todas estas cosas son opciones agradables, y son formas obvias y eficaces de lidiar con el estrés. Lo más probable es que no se te ocurra hacer algo como, por ejemplo, cortarte el brazo con un cuchillo hasta que te salga sangre. Sin embargo, infligir dolor es exactamente lo que millones de estadounidenses -sobre todo adolescentes y adultos jóvenes- se hacen a sí mismos cuando están estresados.

Esto se denomina autolesión no suicida (NSSI), y lo más habitual es que adopte la forma de cortarse o quemarse la piel. Tradicionalmente, muchos médicos, terapeutas y familiares han creído que las personas practican las NSSI principalmente para manipular a los demás. Sin embargo, investigaciones recientes han descubierto que esos factores sociales sólo motivan a una minoría de los casos y suelen representar gritos de auxilio más que intentos despiadados de explotar a los cuidadores. Aunque hay muchas razones por las que las personas se involucran en este tipo de autolesiones, la razón más comúnmente reportada es simple, aunque aparentemente extraña: para sentirse mejor. Varios estudios respaldan la afirmación de que el dolor autoinfligido puede llevar a sentirse mejor. Por ejemplo, Schmahl y sus colegas escanearon los cerebros de personas con un historial de NSSI durante una tarea experimental dolorosa diseñada para imitar la NSSI. Descubrieron que el dolor provocaba una disminución de la actividad en las áreas del cerebro asociadas a la emoción negativa. La realidad de este efecto provoca una pregunta desconcertante: ¿Cómo es posible que el dolor autoinfligido lleve a sentirse mejor?